Un artista en busca de nuevos horizontes, un país que emergía como epicentro artístico mundial y un diálogo creativo que cambió para siempre la historia del arte.
Así podría resumirse la apasionante aventura que narra Miró y los Estados Unidos, la nueva exposición de la Fundació Joan Miró que, en el marco de su 50.º aniversario, ilumina uno de los capítulos más sorprendentes, menos conocidos y más fecundos de la trayectoria del artista catalán.
Un viaje revelador
Hasta el 22 de febrero de 2026, Barcelona acoge esta muestra sin precedentes, organizada junto a The Phillips Collection de Washington y respaldada por la Fundación BBVA, Puig, la Fundación Abertis y diversas instituciones. No se trata de una retrospectiva más, sino de una relectura profunda y deliberada: situar a los Estados Unidos, y no a París, en el centro del relato de Miró.
Es una apuesta sorprendente y reveladora, que propone mirar a Miró desde un lugar distinto. Porque si bien la historiografía tradicional ha insistido en su vínculo con las vanguardias parisinas, este proyecto demuestra que la influencia estadounidense -y, sobre todo, la interacción cruzada con artistas norteamericanos- fue decisiva para su desarrollo creativo y para el reconocimiento internacional que alcanzó a partir de la posguerra.
Salas de la exposición Miró y los Estados Unidos, comisariada per Marko Daniel, Matthew Gale i Dolors Rodriguez Roig. © Fundació Joan Miró. Fotos: Davide Camesasca
Un diálogo transatlántico que cambió la historia del arte
La exposición parte de una premisa audaz: la relación entre Miró y el arte norteamericano no fue unidireccional, sino un intercambio vivo, intenso y profundamente transformador. Mucho se ha escrito sobre el impacto de Miró en el expresionismo abstracto, pero esta muestra recuerda que también él encontró inspiración en la pintura gestual y de acción, en la monumentalidad y en el espíritu experimental que caracterizó a los Estados Unidos de mediados del siglo XX.
En un momento en que España estaba asfixiada por la dictadura franquista, Estados Unidos representó para Miró un país de horizontes abiertos, un territorio de esperanza, democracia y posibilidades infinitas. Allí desarrolló proyectos públicos de gran envergadura -como Luna, sol y una estrella, creado en Chicago- que habrían sido inviables en su país natal. Allí también encontró un ecosistema artístico vibrante que estimuló su búsqueda de libertad formal.
Salas de la exposición Miró y los Estados Unidos, comisariada per Marko Daniel, Matthew Gale i Dolors Rodriguez Roig. © Fundació Joan Miró. Fotos: Davide Camesasca
Obras excepcionales y conexiones nunca vistas
Miró y los Estados Unidos reúne 138 obras procedentes de colecciones americanas y europeas, además de fondos de la propia Fundació Joan Miró. Pinturas, dibujos, esculturas, grabados, filmes y material de archivo componen un mapa artístico vasto y sorprendente, que incluye también a cuarenta y nueve artistas contemporáneos que dialogan con Miró en un tejido de influencias mutuas.
Entre estas figuras destacan nombres fundamentales del arte del siglo XX -Louise Bourgeois, Alexander Calder, Helen Frankenthaler, Lee Krasner, Arshile Gorky, Alice Trumbull Mason, Jackson Pollock o Mark Rothko- cuya relación con Miró ilumina nuevas formas de entender su posición en la historia del arte.
Uno de los grandes hitos de la muestra es la presentación, por primera vez en el Estado, de Las estaciones de Lee Krasner, una obra monumental de un impacto visual arrollador, que viaja desde el Whitney Museum. A ello se suma la presencia de Pintura mural, 20 marzo 1961, cedida excepcionalmente por los Harvard Art Museums, su primera salida a Europa desde que Josep Lluís Sert la donara hace décadas. Es un acontecimiento histórico.
Además, por primera vez se exhiben juntas las dos primeras obras que Miró mostró en los Estados Unidos: Le Renversement (1924) y Pintura (1926), originalmente presentadas en el Brooklyn Museum. Esta reconstrucción histórica aporta una perspectiva única sobre la entrada del artista en la escena americana.
Salas de la exposición Miró y los Estados Unidos, comisariada per Marko Daniel, Matthew Gale i Dolors Rodriguez Roig. © Fundació Joan Miró. Fotos: Davide Camesasca
Un recorrido por los momentos clave
El recorrido de la exposición revisita los episodios decisivos del vínculo de Miró con Estados Unidos: sus retrospectivas en Nueva York en 1941 y 1959, sus siete viajes entre 1947 y 1968, y el apoyo determinante de su marchante Pierre Matisse, así como de instituciones y coleccionistas que promovieron su reconocimiento internacional.
La muestra contextualiza estos acontecimientos en un periodo convulso: la Segunda Guerra Mundial, el exilio masivo de artistas europeos y el ascenso de Nueva York como capital mundial del arte, desplazando el centro de gravedad de París. Miró fue testigo privilegiado de esa transición, pero también protagonista activo.
Descubrimientos curatoriales y nuevas lecturas
Entre las aportaciones curatoriales más originales se encuentra la presentación de los 22 pochoirs sobre papel de las Constelaciones, concebidos por Miró para ser contemplados por ambas caras. Por primera vez se muestran según esta intención, revelando la dimensión experimental y la libertad radical que definieron esta serie.
La exposición también visibiliza a creadoras cuya obra fue marginada o invisibilizada, como Janet Sobel —precursora del dripping—, Henrietta Myers (Peter Miller) o Corinne Michelle West (Michael West). Su inclusión amplía y enriquece la lectura del ecosistema artístico americano.

Un horizonte de luz y riesgo
Más allá de su rigor histórico, Miró y los Estados Unidos es una invitación a redescubrir al artista en toda su dimensión humana: un creador en constante búsqueda, que supo encontrar en la libertad americana un impulso vital y un territorio para la experimentación.
El diálogo con el arte norteamericano no solo renovó su lenguaje pictórico, sino que reafirmó su fe en la capacidad del arte para abrir horizontes, para resistir la oscuridad y para imaginar futuros posibles. En tiempos marcados por incertidumbres globales, la muestra resuena con una actualidad inesperada.
La exposición podrá verse también en The Phillips Collection de Washington entre el 21 de marzo y el 5 de julio de 2026, llevando así este relato transatlántico de ida y vuelta a su otra orilla natural.
