Hay apellidos que forman parte de la historia de una ciudad y otros que contribuyen a definir su identidad. El de Güell pertenece a ambas categorías. Eusebio Güell Malet, vizconde de Güell, representa hoy la continuidad de una tradición familiar estrechamente vinculada al arte, la cultura y el mecenazgo, cuyo capítulo más universal está ligado a Antoni Gaudí. Empresario con una dilatada trayectoria en el ámbito de la inversión y la gestión de activos, preside la Fundació Güell, dedicada a apoyar a nuevas generaciones de creadores. En 2026, cuando Barcelona conmemora el centenario de la muerte de Gaudí y se convierte en Capital Mundial de la Arquitectura, su mirada invita a reflexionar sobre el valor de la herencia y su capacidad para inspirar el futuro.
-¿Qué significa para ti llevar el apellido Güell hoy, con un legado tan ligado a la historia de Barcelona?
Lo vivo con naturalidad, pero también con un cierto sentido de responsabilidad. Uno no elige el legado que recibe, pero sí puede decidir qué hace con él. Creo que lo importante es evitar quedarse únicamente en la contemplación del pasado.
La familia Güell ha estado vinculada durante generaciones a Barcelona, al mundo empresarial, a la cultura y al mecenazgo. Mi manera de entenderlo es intentar conservar lo que merece ser conservado y, al mismo tiempo, contribuir a que ese legado continúe siendo útil para la sociedad actual.

–¿Qué te sigue fascinando de la relación entre tu familia y Gaudí?
Sobre todo, la confianza que existió entre Eusebi Güell y Antoni Gaudí. Güell entendió que delante tenía a una persona extraordinariamente creativa y fue capaz de darle espacio para desarrollar sus ideas.
Probablemente esa sea una de las grandes lecciones de aquella relación: el buen mecenazgo no consiste en decirle al creador qué tiene que hacer, sino en darle las condiciones para que pueda desarrollar su talento.
Y Gaudí, por su parte, respondió a aquella confianza con una creatividad y una ambición extraordinarias. Fue una gran historia de éxito para los dos que no es nada evidente conseguir: Eusebi Güell apostó por el talento de un joven artista, y Gaudí recogió su confianza para desarrollar con libertad su talento innovador.
-De todas las obras del arquitecto, ¿cuál te sigue sorprendiendo cada vez que la contemplas?
Para mi es difícil escoger una sola obra, todas tienen infinidad de detalles que vas descubriendo en cada visita que realizas: el Park Güell tiene algo extraordinario por la forma en que integra arquitectura, naturaleza y paisaje; el Palau Güell me parece interesante porque establece el inicio de su relación y contiene muchos elementos y técnicas que después desarrollará Gaudí, experimentando con materiales, con la luz, el espacio, etc. Además, es un edificio que ha sido el más “vivido”, ya que mi padre llegó a vivir allí, y posteriormente a través de la Fundació Güell estamos cada año disfrutándolo con distintos actos -de la propia Fundaciól-.
Pero, si me preguntas cuál es la que más me impresiona, te diría la Cripta de la Colònia Güell. Sus proporciones, materiales y la entrada de luz a través de las vidrieras crean una atmósfera que invita al recogimiento.
Cripta de la Colònia Güell
–¿Qué nos enseña hoy aquella alianza entre el mecenazgo y la libertad creativa?
Que apoyar talento implica necesariamente asumir una cierta incertidumbre.
Cuando todo está demostrado, probablemente ya no estamos hablando de mecenazgo, sino de reconocimiento. Es importante dar apoyo cuando una persona está empezando y todavía no sabemos exactamente hasta dónde puede llegar.
Ese principio continúa teniendo mucho sentido hoy. Y, de hecho, está muy presente en la actividad de la Fundació Güell: apoyar a jóvenes artistas plásticos, músicos, investigadores o arquitectos precisamente en esos momentos iniciales de su trayectoria.
-En el centenario de Gaudí, ¿qué aspecto de su legado merece una nueva mirada?
Quizá su capacidad de experimentar. A veces contemplamos a Gaudí desde la perspectiva de alguien que ya sabemos que es universal. Pero resulta interesante imaginarlo trabajando cuando muchas de sus propuestas todavía parecían impresionantemente arriesgadas.
Gaudí investigaba continuamente sobre materiales, estructuras, naturaleza, luz o geometría. En ese sentido era tremendamente moderno.
Creo que el centenario puede servir no solamente para celebrar una obra increible, sino también para recuperar ese espíritu de curiosidad y de experimentación.
También era una persona que sabia dirigir equipos a la vez que tenia un gran conocimiento práctico de cada uno de los oficios de la construcción.
–¿Qué papel desempeña hoy la Fundació Güell que presides?
La Fundació lleva 70 años desarrollando su actividad fundacional marcada por Joan Antoni Güell hijo de Eusebi Güell, con una clara vocación de apoyo a la cultura y a los jóvenes creadores.
A lo largo del tiempo la actividad como es lógico ha evolucionado, y actualmente apoyamos las artes visuales, la música, los estudios vinculados a la historia del arte y, desde hace unos años, también la arquitectura conjuntamente con la Nando & Elsa Peretti Foundation.
Desde hace años estamos estableciendo alianzas con instituciones públicas y privadas para desarrollar nuestra actividad y dar mayor apoyo y visibilidad a los premiados a través de exposiciones, conciertos, conferencias y otras iniciativas.
Pero seguramente lo más destacado es el momento en el que intentamos intervenir. Nos interesa apoyar a personas que están empezando su trayectoria, cuando una beca, un premio o una oportunidad de mostrar su trabajo puede tener un impacto especialmente significativo.
Uno de los momentos más importantes del año para la Fundació llega en septiembre, cuando de alguna manera se recogen los frutos del trabajo realizado durante el año. Recibimos más de un centenar de candidaturas, que son evaluadas por los distintos jurados, se seleccionan los ganadores y culminamos el proceso con el acto público de entrega de las becas y premios.
La Fundació, con su equipo, los patronos y los miembros de los distintos jurados, busca aportar valor manteniéndose como una institución pequeña, rigurosa y útil.

-¿Cómo se puede preservar la tradición sin dejar de mirar hacia delante?
Precisamente evitando convertir la tradición en algo inmóvil.
El patrimonio solamente tiene sentido si es capaz de dialogar con el presente. Conservar no significa congelar.
En la Fundació intentamos mantener una continuidad con la tradición de mecenazgo que está en nuestros orígenes, pero adaptando los instrumentos y los ámbitos de actuación a la realidad de cada momento.
Creo que las instituciones que tienen historia deben saber de dónde vienen, pero no deberían vivir únicamente de ella. Estamos en un momento donde se necesita ser más profesional para conseguir los objetivos pero la esencia del mecenazgo se mantiene.
-¿Qué importancia tiene apoyar a jóvenes artistas cuando comienzan su trayectoria?
Como he adelantado, es probablemente el momento en que el apoyo puede ser más útil.
Cuando una trayectoria ya está consolidada existen muchos mecanismos de reconocimiento. Al principio ocurre exactamente lo contrario: hay talento, ideas, ilusión, pero muchas veces faltan recursos, visibilidad y oportunidades.
Me gusta especialmente una idea que ha surgido al estudiar la colección de Arts Visuals de la Fundació formada por los ganadores en Arts Visuals (45): muchas de las obras que conservamos representan precisamente el inicio de una carrera. Son, de alguna manera, “semillas”.
Pienso que esa es una buena definición de lo que debería intentar hacer una fundación como la nuestra: ayudar a que algunas de esas “semillas” puedan crecer.

Palau Güell
–¿Qué te gustaría que descubriera un joven de hoy al acercarse al universo Güell?
Me gustaría que no lo viera únicamente como una historia del pasado.
Detrás de ese universo hubo iniciativa empresarial, interés por la cultura, curiosidad, innovación, mecenazgo y una voluntad bastante clara de participar en la transformación de Barcelona.
Naturalmente cada época es distinta y no tiene sentido intentar reproducir el pasado. Pero algunos valores siguen siendo perfectamente actuales: tener iniciativa, apostar por talento, asumir riesgos y entender que la actividad privada también puede tener una dimensión social y cultural.
-Desde tu experiencia empresarial,¿qué valores del mundo de la inversión aplicas a la gestión cultural?
Hay valores que pueden replicarse, aunque evidentemente cultura e inversión persiguen objetivos distintos desde una Fundación que no tiene ánimo de lucro.
En mi experiencia de inversión, reunir un buen equipo, tener acceso y seleccionar los buenos proyectos, pensar en el largo plazo, aportar valor gestionando, tener flexibilidad para adaptarse, son valores aplicables en ambos casos. También son importantes la transparencia y utilizar correctamente unos recursos que siempre son limitados.
Pero quizá exista otra conexión interesante entre los dos mundos: tanto en la inversión como en el mecenazgo hay que saber convivir con el riesgo en la toma de decisiones.
Apoyar a alguien joven significa confiar antes de que exista la certeza del resultado, lo mismo que el desarrollo inicial de un proyecto de inversión empresarial.

-Cultura y deporte, siempre están unidos, como CEO de Bonasport, club deportivo y social referente de la ciudad, ¿qué hace que un centro premium destaque hoy en día?
Hoy un club deportivo premium tiene que hacer las cosas de forma más profesional y de manera constante en el tiempo.
Las instalaciones son importantes -hay que conservarlas y adaptarlas al entorno cambiante-. Igual que la calidad de la oferta de servicios, el trato personal, los profesionales, el mantenimiento, la innovación y la capacidad de crear un entorno donde las personas se encuentren cómodas.
También está cambiando nuestra manera de entender el deporte. Cada vez se habla más de bienestar, prevención, salud y calidad de vida.
Un club como Bonasport, que tiene ya una trayectoria de 40 años, debe saber evolucionar en esa dirección sin perder aquello que históricamente ha sido una de sus fortalezas: calidad, servicio, proximidad y sentido de pertenencia.
-Barcelona es la Capital Mundial de la Arquitectura en 2026, ¿cómo puede la arquitectura seguir mejorando nuestra forma de vivir las ciudades?
La arquitectura condiciona nuestra manera de vivir mucho y esta muy presente en nuestro día a día. Empieza antes del propio edificio: en cómo planificamos la ciudad, dónde situamos la vivienda y los equipamientos, cómo organizamos la movilidad, los espacios verdes o los lugares de encuentro. Después llega la arquitectura concreta, las formas, los materiales y las proporciones.
Barcelona tiene una tradición excepcional y debe seguir abierta a la investigación y a nuevas soluciones. El gran reto es responder a cuestiones como la densidad o la sostenibilidad sin perder calidad de vida ni escala humana.
Es un ejercicio para las sociedades globales, que una vez decidido se tiene que pasar al siguiente nivel de definir el detalle de las formas y proporciones.
Barcelona tiene una tradición arquitectónica excepcional y quiere mantener ese status estando cerca de la investigación, las nuevas tendencias, etc.
-¿Qué crees que Barcelona debe proteger para no perder su identidad?
Barcelona tiene que proteger muchas cosas, pero sobre todo su diversidad y su escala.
Es una ciudad suficientemente grande para ser internacional y lo bastante próxima para conservar barrios con personalidad, comercio, vida cultural y relaciones humanas.
También debemos proteger su patrimonio arquitectónico, naturalmente, pero sin convertir Barcelona en una ciudad-museo.
Las ubers están vivas y necesariamente cambian. El reto está en permitir esa transformación sin que el proceso las haga intercambiables con cualquier otra gran ciudad del mundo.
Parc Güell
-Un lugar de la ciudad que te hace sentir especialmente conectado con su historia.
Si hablamos de lugares que están vinculados con Gaudí y la familia seria el Park Güell. Como es sabido pretendía ser una urbanización que transformara la ciudad y en su desarrollo se mezcló la arquitectura y la naturaleza. Es interesante ver el cambio de significado del proyecto entre el inicio y la realidad. Esta integración en el entorno actual es uno de los grandes logros de la definición del proyecto.
-Dentro de cien años, al volver a hablar de la familia Güell, ¿qué legado te gustaría haber contribuido a construir para las próximas generaciones?
Tengo que ser consciente de dónde venimos y me conformaría con que se pudiera decir que nuestra generación supo cuidar razonablemente bien aquello que recibió, y que intentó hacerlo útil para quienes vinieron después.
En mi opinión, los legados si se reciben tienen que transmitirse a nuevas generaciones para que continúen con su objetivo, y de esta forma se puedan entender los cambios y adaptarse a las distintas realidades que van surgiendo.
Si la Fundació Güell continúa en el tiempo apoyando talento joven, adaptándose a los cambios del entorno y contribuye a preservar y activar el legado cultural, creo que habremos cumplido.